jueves, 19 de julio de 2012

Podríamos decir que "Primera Parte" (:

Bueno, hace un tiempo tuve la idea de escribir una historia y publicarla por partes en este blog, no sé si sirva, por que en verdad no escribo muy bien, y... No sé si alguien en la vida va a ver esto, pero espero que sí, y si alguien lo hace ojalá le guste :D    Voy a publicar la primera parte de esta historia, y si sirve supongo que lo seguiré haciendo. Espero que alguien disfrute leyéndola tanto como yo escribiéndola (:

"  Abrió los ojos y se encontró sentado a la orilla de un río,  con el pasto más suave que hubiera tocado nunca, el sol más brillante, la calidez más perfecta que hubiera experimentado en su vida, miró a su lado y estaba ella. Lo miraba sonriendo, con esa sonrisa hermosa, con esa mirada deslumbrante, esos ojos grises capaces de llevarlo a un estado de alucinación único, con ese cabello sedoso, largo, hermoso que siempre olía a menta suave.  Pero él no pudo sonreírle de vuelta, ella no podía estar allí. Era su maldita imaginación de nuevo. Los calmantes no servían lo suficiente, otra vez estaba imaginando cosas. Cerró los ojos con rabia, y sacudió la cabeza con fuerza.
-          No, Anthony, soy real. Esta vez soy real…- su voz  de ángel se deslizó por sus oídos y consumió su cerebro. ¿Cómo algo tan perfecto podía ser sólo obra de su mente? Esta vez sería real…  Abrió los ojos lentamente, ella sonrió. Su piel de seda brillaba como nunca, el río no corría, parecía deambular. Claro que no era real. Él no vivía cerca de ningún río.
-          ¿Qué se supone que eres? ¿Un fantasma?- ella se rió. Esa risa musical que se había convertido en su canción favorita desde la primera vez que la escuchó.
-          Puedo ser lo que quieras que sea.- se puso de pie y lo levantó con ella.
-          ¿Qué se supone que significa eso?- sonrió otra vez.
-          Puedo ser un fantasma si quieres.- mientras lo decía pareció volverse incorpórea y  tomó un tono blancuzco.- Puedo ser una sirena.- saltó al río. Cuando sacó la cabeza de nuevo era de su color normal, apoyó las manos en la orilla y se levantó un poco, su blusa era ahora una especie de peto rosado, y por detrás asomó una especie de aleta  que salía de un tubo delgado de escamas. Se rió de nuevo.- ¿Qué quieres que sea?-
-          ¿Qué significa esto? ¿Por qué sigues jodiéndome, Cassie?- la muchacha frunció el ceño. Salió del agua.  Apoyó un brazo en el pasto y en él la cabeza. Su cabello se desparramó sobre el pasto, apoyó su otra mano en la cintura desnuda, y sacudió esa especie de cola verde llena de escamas que salía de su cadera. Se veía hermosa, si era posible, incluso más que como persona.  Lo miró como extrañada.
-          ¿No te gusta verme, Thomas?-
-          Cassie, se supone que estás muerta. ¿Por qué sigo viéndote? ¡Me estás volviendo loco!-
-          Estás soñando. – dijo triste.
-          Tomo calmantes para dormir sin soñar… -
-          Lo sé, pero tus ganas de verme son más fuertes que las drogas.- sonrió ella con dulzura.
-          ¡Es obvio! Quién no mataría por verte, Cassie…-
-          ¿Me amabas?- de pronto ella estuvo de pie frente a él, y tomó sus manos con ternura.
-          ¡¿Bromeas?! Te amo más que a nada…-
-          Deja de hacerlo.- dijo con tristeza. – Pierdes el tiempo.-
-          Lo tengo claro.- bufó bajando la vista con cierta ironía.
-          Pero quiero pedirte algo…-  la miró a los ojos con cierta expectación.- Penelope está mal.-
-          ¿Qué quieres que haga?-
-          Quiero que la acompañes… Ella tenía cierto afecto por ti… Quizás puedan acompañarse…-
-          Tu madre me mataría si intentara acercarme a ella.-
-          ¿Por qué lo dices?-
-          Cree que yo tuve la culpa de… Ya sabes… De lo que te pasó…-
-          ¡Pero eso es una idiotez! ¡Ni si quiera estabas cerca!-
-          Pero cree que fue mi mala suerte o algo, qué sé yo…-
-          Inténtalo, por favor…- lo miró a los ojos, y lo traspasó con esa mirada mágica que siempre había tenido.
-          Cassie…-
-          Prométeme que lo intentarás.-
-          Yo…-
-          Y si quieres dejaré de molestarte.-
-          No sé si es lo que quiero.-
-          Pero todo este rato has dicho que.-
-          Sí, pero… La verdad… No sé…- no dijeron nada por un par de minutos, se miraron a los ojos con intensidad, ella acarició con delicadeza el cabello de él, su cara, sus manos. – Te amo, Cassie.-
-          Lo sé.- sonrió con dulzura.- Yo también.- y lo abrazó.

Las mismas paredes, la misma cama, la misma almohada, la misma lámpara antigua, el mismo escritorio de la noche anterior, y de la anterior y de siempre estaban ahí. No había habido ningún río, era el mismo maldito cuarto que lo decepcionaba al despertar cada mañana. Pero esta vez había sido tan real. Aunque las anteriores también…  La primera semana después del accidente de Cassie le habían permitido quedarse en casa, pero después sólo le prodigaron una considerable dosis de antidepresivos y somníferos y volvieron a enviarlo al colegio.  Se dio una ducha y tomó desayuno sin mirar a nadie de su familia a la cara ni dirigirles la palabra. Ya se habían acostumbrado, desde el accidente de su novia, Anthony era un chico amargado que odiaba a todo el mundo, sólo lo veían sonreír en la mañana, poco antes de despertar y a veces a su hermana pequeña, casi no hablaba, pasaba los días encerrado en su cuarto, a veces lo  oían llorar, otras veces parecía hablar solo… Pero nadie se atrevía a tratar de consolarlo.  Su hermana pequeña, Noemi era la que lo mantenía en relación con el mundo, con ella era casi como era antes.  En realidad, la “transformación” de Anthony había empezado antes del accidente, venía desde que había conocido a la famosa Cassandra. Él era un muchacho alegre, algo tímido,  pero vivaz, inteligente y de muy buen humor.  Cuando se enamoró de ella se volvió bipolar, o andaba en las nubes o malhumorado.   Y luego ella se enamoró también, y Anthony se volvió, literalmente, el muchacho más feliz del mundo. Siempre estaba distraído, y no pasaba un minuto en que no hablara de ella, parecía amarla más de lo humanamente posible,  y era profundamente feliz.  Luego de cinco meses de la felicidad más pura, verdadera e intensa que se haya experimentado jamás, la niña murió en un accidente, cruzó en un paso de cebra no muy bien pintado, un auto no tenía los frenos muy arreglados, un conductor no muy experimentado, y unos paramédicos no muy afortunados…"


Ojalá les haya gustado, si alguien lo ve, digo...

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