" Abrió los ojos y se encontró sentado a la
orilla de un río, con el pasto más suave
que hubiera tocado nunca, el sol más brillante, la calidez más perfecta que
hubiera experimentado en su vida, miró a su lado y estaba ella. Lo miraba
sonriendo, con esa sonrisa hermosa, con esa mirada deslumbrante, esos ojos
grises capaces de llevarlo a un estado de alucinación único, con ese cabello
sedoso, largo, hermoso que siempre olía a menta suave. Pero él no pudo sonreírle de vuelta, ella no
podía estar allí. Era su maldita imaginación de nuevo. Los calmantes no servían
lo suficiente, otra vez estaba imaginando cosas. Cerró los ojos con rabia, y
sacudió la cabeza con fuerza.
-
No, Anthony, soy real. Esta vez soy real…- su voz de ángel se deslizó por sus oídos y consumió
su cerebro. ¿Cómo algo tan perfecto podía ser sólo obra de su mente? Esta vez
sería real… Abrió los ojos lentamente,
ella sonrió. Su piel de seda brillaba como nunca, el río no corría, parecía
deambular. Claro que no era real. Él no vivía cerca de ningún río.
-
¿Qué se supone que eres? ¿Un fantasma?- ella se rió. Esa risa musical
que se había convertido en su canción favorita desde la primera vez que la
escuchó.
-
Puedo ser lo que quieras que sea.- se puso de pie y lo levantó con
ella.
-
¿Qué se supone que significa eso?- sonrió otra vez.
-
Puedo ser un fantasma si quieres.- mientras lo decía pareció volverse
incorpórea y tomó un tono blancuzco.-
Puedo ser una sirena.- saltó al río. Cuando sacó la cabeza de nuevo era de su
color normal, apoyó las manos en la orilla y se levantó un poco, su blusa era
ahora una especie de peto rosado, y por detrás asomó una especie de aleta que salía de un tubo delgado de escamas. Se
rió de nuevo.- ¿Qué quieres que sea?-
-
¿Qué significa esto? ¿Por qué sigues jodiéndome, Cassie?- la muchacha
frunció el ceño. Salió del agua. Apoyó
un brazo en el pasto y en él la cabeza. Su cabello se desparramó sobre el
pasto, apoyó su otra mano en la cintura desnuda, y sacudió esa especie de cola
verde llena de escamas que salía de su cadera. Se veía hermosa, si era posible,
incluso más que como persona. Lo miró
como extrañada.
-
¿No te gusta verme, Thomas?-
-
Cassie, se supone que estás muerta. ¿Por qué sigo viéndote? ¡Me estás
volviendo loco!-
-
Estás soñando. – dijo triste.
-
Tomo calmantes para dormir sin soñar… -
-
Lo sé, pero tus ganas de verme son más fuertes que las drogas.- sonrió
ella con dulzura.
-
¡Es obvio! Quién no mataría por verte, Cassie…-
-
¿Me amabas?- de pronto ella estuvo de pie frente a él, y tomó sus
manos con ternura.
-
¡¿Bromeas?! Te amo más que a nada…-
-
Deja de hacerlo.- dijo con tristeza. – Pierdes el tiempo.-
-
Lo tengo claro.- bufó bajando la vista con cierta ironía.
-
Pero quiero pedirte algo…- la
miró a los ojos con cierta expectación.- Penelope está mal.-
-
¿Qué quieres que haga?-
-
Quiero que la acompañes… Ella tenía cierto afecto por ti… Quizás
puedan acompañarse…-
-
Tu madre me mataría si intentara acercarme a ella.-
-
¿Por qué lo dices?-
-
Cree que yo tuve la culpa de… Ya sabes… De lo que te pasó…-
-
¡Pero eso es una idiotez! ¡Ni si quiera estabas cerca!-
-
Pero cree que fue mi mala suerte o algo, qué sé yo…-
-
Inténtalo, por favor…- lo miró a los ojos, y lo traspasó con esa
mirada mágica que siempre había tenido.
-
Cassie…-
-
Prométeme que lo intentarás.-
-
Yo…-
-
Y si quieres dejaré de molestarte.-
-
No sé si es lo que quiero.-
-
Pero todo este rato has dicho que.-
-
Sí, pero… La verdad… No sé…- no dijeron nada por un par de minutos, se
miraron a los ojos con intensidad, ella acarició con delicadeza el cabello de
él, su cara, sus manos. – Te amo, Cassie.-
-
Lo sé.- sonrió con dulzura.- Yo también.- y lo abrazó.
Las mismas paredes, la misma cama, la misma
almohada, la misma lámpara antigua, el mismo escritorio de la noche anterior, y
de la anterior y de siempre estaban ahí. No había habido ningún río, era el mismo
maldito cuarto que lo decepcionaba al despertar cada mañana. Pero esta vez
había sido tan real. Aunque las anteriores también… La primera semana después del accidente de
Cassie le habían permitido quedarse en casa, pero después sólo le prodigaron
una considerable dosis de antidepresivos y somníferos y volvieron a enviarlo al
colegio. Se dio una ducha y tomó
desayuno sin mirar a nadie de su familia a la cara ni dirigirles la palabra. Ya
se habían acostumbrado, desde el accidente de su novia, Anthony era un chico
amargado que odiaba a todo el mundo, sólo lo veían sonreír en la mañana, poco
antes de despertar y a veces a su hermana pequeña, casi no hablaba, pasaba los
días encerrado en su cuarto, a veces lo
oían llorar, otras veces parecía hablar solo… Pero nadie se atrevía a
tratar de consolarlo. Su hermana
pequeña, Noemi era la que lo mantenía en relación con el mundo, con ella era
casi como era antes. En realidad, la
“transformación” de Anthony había empezado antes del accidente, venía desde que
había conocido a la famosa Cassandra. Él era un muchacho alegre, algo
tímido, pero vivaz, inteligente y de muy
buen humor. Cuando se enamoró de ella se
volvió bipolar, o andaba en las nubes o malhumorado. Y luego ella se enamoró también, y Anthony
se volvió, literalmente, el muchacho más feliz del mundo. Siempre estaba
distraído, y no pasaba un minuto en que no hablara de ella, parecía amarla más
de lo humanamente posible, y era
profundamente feliz. Luego de cinco
meses de la felicidad más pura, verdadera e intensa que se haya experimentado
jamás, la niña murió en un accidente, cruzó en un paso de cebra no muy bien
pintado, un auto no tenía los frenos muy arreglados, un conductor no muy
experimentado, y unos paramédicos no muy afortunados…"
Ojalá les haya gustado, si alguien lo ve, digo...
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